©Rafael Urdaneta

La grandeza de este libro no es la belleza de su prosa, que lo es, ni la variedad de registros de sus personajes y tramas, que también, sino la sinceridad de un autor que nos ha querido presentar la cruda realidad de la Venezuela de la pandemia, en la que el virus no es el único enemigo ni tampoco el más temido o letal, sin enmascararla ni aderezarla con artificios literarios.
Asunta López. Escritora
Rafael ha descrito la pandemia como un tránsito, un espacio en construcción, una mirada preocupada sobre las consecuencias duras que aguardan a mediano y largo plazo. Escribe sobre ella porque alguien debe dejar huella, vestigio y evidencia. Escribe porque, quizás, no puede hacer otra cosa para huir el silencio de los pequeños fragmentos de miedo y angustia que una situación que nos desborda ha dejado a su paso. Al final, este libro es un documento, una búsqueda de identidad. Pero también es una confesión: la del miedo, la fragilidad, la oscuridad. La esperanza, a pesar de todo.
Aglaia Berlutti. Escritora y fotógrafa.
Cuando mi colega Rafa escribe, también protesta, lo hace con elegancia, con sutileza, deja entrever su crítica a lo que siente, no está funcionando bien el país que lo ha visto crecer. No es la típica crítica cargada de rabia, visceral, no, es un estilo reflexivo que involucra al lector y le invita a revisar, a comparar y sacar sus propias conclusiones (…). Aborda sin temor las históricas diferencias de clases que existen en la Venezuela contemporánea, esas que muchos niegan y otros han sabido aprovechar muy bien.
Isnardo Bravo. Periodista


