©Miguel Marcotrigiano

En La meditación, los poemas azarosos de Miguel Marcotrigiano esbozan una búsqueda con trazos fuertes, desesperados, pero hermosos y sugerentes en esa pesquisa que emprende el poeta para exorcizar, mediante la palabra, los espectros que permanecen en las zonas penumbrosas de la mente. «Esta bitácora de la peor gestas», como la define, es un cuaderno de ruta que señala cómo el poeta se interna en los meandros de su propia historia para descubrir el reino de una locura que lo aturde.
Cada poema revela una mirada hacia parajes inefables en los que la memoria representa una región custodiada por recuerdos atormentados, por la soledad y el silencio ante preguntas sin respuestas. De la imagen poética se desprenden visiones que alumbran zonas impenetrables donde habita la incertidumbre, allí el sosiego permanece larvado en la desolación. La fenomenología de la imagen irrumpe para mostrar las huellas dolorosas de la pérdida, del desencuentro, del naufragio en medio de una rutina que es puro ruido.
La meditación es la representación de una búsqueda, de una indagación profunda sobre la naturaleza hermética de las intuiciones y de anhelos truncados. Al final del mítico viaje hacia sí mismo, ocurre el satori, que se muestra al ser desasistido, en la intemperie, sin rosa de los vientos ni cuadernos de navegación. Solo atisba la soledad como estrella del norte, su única compañía en la confrontación íntima que, lentamente, va desinflando los conceptos teóricos, las palabras, y el mundo.
Les Quintero


