©Linda D’Ambrosio Morales. Ilustraciones de ©Nidia Tabarez

Linda D’Ambrosio Morales se interna en el discurso amoroso de Amanda para explorar las memorias de una pasión fragmentada, rota, dolorosa. A través de sus pasos vislumbra el carácter esencial de lo femenino envuelto en un romance que es potencia y exaltación, piel y erotismo palpitante. Amanda invoca palabras que crean una zona de significaciones profundas en torno al ser amado.
Calendario es la escenificación de un diálogo íntimo con la locura embriagante de una mujer enamorada, con la entrega absoluta, la pérdida y, finalmente, con el duelo por un adiós que no se nombra, como si temiera conjurar de nuevo el momento de la despedida. Cada parte (o confesión) está amparada por una acuarela que es presencia fantasmática, figura elusiva, a veces fragmentada, como los encuentros y desencuentros de Amanda, difuminándose en el aire, en pasajes sin tiempo.
Las frases rotas pueden ser hendijas por donde escapa la silueta amada en una ciudad que de pronto parece más humana, más cálida gracias al imaginario recreado por el recuerdo del ser querido. Los movimientos que ocasionan las evocaciones de Amanda se convierten en emociones soberanas, desligadas de culpas y miedos, por eso la distancia no puede romper los lazos que han sido anudados por leyes ignotas.
Amanda recorre la ciudad y se recorre a sí misma reviviendo su historia, abismándose en el amor de ella y el de él, y solo en el contexto del abismo su relación cobra sentido, allí se encuentra renaciendo en cada ausencia, en el rito y las plegarias que tienen su dominio en los paisajes recónditos de la soledad.
Les Quintero


